El proyecto se desarrolla como una investigación situada en Asturias, con un enfoque particular en las plantas autóctonas de la región.
El trabajo implica una creación colaborativa entre distintas formas de vida —plantas, humanos y máquinas— reunidas en lo que Donna Haraway denomina "hacer-con", según lo plantea en Seguir con el problema. Los dibujos resultantes emergen como respuestas a las condiciones de las plantas y su entorno, generando una representación poética de las relaciones multiespecie. Este enfoque permite observar desde otra perspectiva las interacciones entre seres humanos y no humanos, explorando la incertidumbre y profundizando en el conocimiento de las especies con las que compartimos el planeta.
Se trata de un trabajo de carácter procesual. A partir de investigaciones previas, se utiliza un sensor basado en electrofisiología vegetal, desarrollado por los artistas, que permite registrar el estado bioquímico de las plantas en su hábitat natural. Estas mediciones reflejan tanto las condiciones ambientales como las interacciones con otros seres vivos y tecnologías. Durante las salidas de campo, cada planta es conectada a estos sensores, y las señales obtenidas se traducen en dibujos mediante una máquina desarrollada específicamente para este proyecto.
El proyecto se compone, así, de varias piezas: la máquina de dibujo, los dibujos generados a partir de los datos recogidos en el entorno natural de las plantas y la documentación audiovisual que registra el proceso.